Historias (II)

Nadie sospecha de un chico en bicicleta. Eso es lo que pensamos el verano pasado. Nadie. Dos jóvenes en una scooter es un canteo, te paran todos los maderos. Pero nadie sospecha de dos jóvenes en bicicleta, todos nos miran como si fuéramos unos críos. Así que perfecto. Hasta mi madre anda contenta. Le dice a sus amigas, mira a mi hijo, toda las tarde con la bici de un lado para otro, está hecho un deportista. Si ella supiera. Básicamente nos dedicamos a nuestros negocios, dale esto a yasabesquién, mira a esa pareja dándose el lote, andan completamente distraídos, joder, vaya turista pardillo, si lo va pidiendo a gritos. Nuestros negocios. Y la bicicleta es nuestra socia. ¿Y por qué hacemos esto? Joder, y por qué no. Yo también quiero llevar el nuevo chándal del Chelsea, quiero fumarme mis canutos, mis noches de fiesta, y ya puestos a pedir, ese móvil que vi el otro día en el escaparate, la nueva Play, no sé, tantas cosas, ¿o es que estas cosas están reservadas para los niños ricos? Malditos pijos, lo tienen todo hecho. Me acuerdo cuando hicimos la comunión y Don Carlos, nuestro cura, un salido de los pies a la cabeza, nos hablaba del libre albedrío y mierdas de esas, yo ya le decía a Javi, mi otro socio, que la historia era bien distinta que ya nacemos marcados, que algunos van a la universidad y otros van al talego, como el Tiri, un zumbao del barrio, que salió hace poco del Santa Teresa, le pillaron trapicheando y padentro, si antes andaba con los porros y unas rayitas los findes, ahora anda deambulando por el parque, atontao perdío, con los bolsillos llenos de pastillas con nombres acabados en ín. No iba nunca en bicicleta. A lo mejor eso le hubiera salvado. Nosotros tampoco andamos muy metidos en rollos muy gordos, lo justo para ir tirando, con cuidado para no acabar como el Tiri y tanto otros. Yo siempre digo que voy en bicicleta para no dar el canteo, pero es mentira, la verdad es que me siento como nunca cuando voy subido en ella. Desconecto del mundo, de mis padres, del instituto, de los líos del barrio, del cabrón de mi hermano, de todo. Yo y mi bicicleta, nada más. Joder, tan sólo me he sentido libre subido a una bicicleta. Yo sé que Javi se siente igual, aunque nunca lo hemos comentado, nunca hablamos de cosas de esas.

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