Nosotras parimos, nosotras decidimos

(Hemos recibido este correo sobre cómo la sansilvestre arandina tomo un carácter reivindicativo gracias a unas vecinas del pueblo. Todo un ejemplo de espíritu Dirty Runner. Muchas gracias por compartir esta experiencia con nosotr@s)

Lo que parecía otra San Silvestre más en Aranda de Duero consiguió por unos momentos tornarse con otros tintes de un color más morado, más cañero este año 2013.

Unas cuantas compañeras decidimos salir a correr el pasado 31 de diciembre en nuestro pueblo. Donde ya otros años antes se había utilizado para correr y protestar contra el Fracking o la represión en el Estado de Oaxaca (México).

Este año fatigadas con el terrorismo que se intenta ampliar hacia nuestros cuerpos por la Ley del Aborto, salimos a cantar, correr, gritar y reivindicar. Intentando hacer eco de que poco nos importan sus leyes porque nosotras parimos lxs hijxs y somos nosotras quienes decidimos si queremos gestarlos, parirlos y por último cuidarlos o darlos en adopción

Nos importa una mierda su opinión sobre la vida, si somos unas asesinas o no a su entender. Porque como dice la canción “estamos muertas al nacer”, vivimos normalmente vidas precarias, sin sentido, sin vida y todavía esos que más nos la roban vienen a hacer como que son los buenos de la película porque impiden el genocidio que ellos imponen cotidianamente. Crimen es no llegar a fin de mes, no solidarizarte, robar para recargar tu visa a quienes sobreviven como pueden, ser criado en una familia de ricos apestosos o nacer en un entorno sin ser deseado.

¿Por qué deberíamos traer vidas a este mundo si no es lo que queremos hacer? Acaso son los políticos los que van a sufrir transformaciones en sus cuerpos, los que van a morir desangrados en abortos mal practicados clandestinamente. Si no nos dejáis otra opción así lo haremos, arriesgaremos nuestras vidas, si consideramos que no queremos parir a esas criaturas. Mientras vosotros podréis seguir engordando en vuestros sofás, traficando con la adopción aquí o en el extranjero de esas criaturas que nacieron sin el amor de quién no pudo decidir.

La gente en muchas etapas de la carrera nos abrigaba cantando con nosotras, y otra gente continuaba perpleja. De las consigas que se corearon estas son algunas: “Nosotras parimos, nosotras decidimos”, “Mi vida, mi cuerpo, mi forma de follar, no se arrodilla ante el sistema patriarcal”, “Gallardón, facharrón, en mi cuerpo mando yo”, “Maternidad libre y decidida”, “Aborto libre y gratuito”…

Este ha sido una carrera más otro año más, pero ante la que seguro mucha gente no quedó indiferente. Desde aquí os invitamos a tomar la(s) San Silvestre(s) de vuestros pueblos y ciudades para aprovechar y reclamar lo nuestro, nuestras vidas, nuestros cuerpos y las de los que nos rodean.

Porque si decimos no todas a la vez es más sencillo que la represión no avance. Aunque correr y gritar no sea lo más sencillo, en compañía de las tuyas todo es posible.

Porque correr y luchar es el único camino.

sansilvestre

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Historias (II)

Nadie sospecha de un chico en bicicleta. Eso es lo que pensamos el verano pasado. Nadie. Dos jóvenes en una scooter es un canteo, te paran todos los maderos. Pero nadie sospecha de dos jóvenes en bicicleta, todos nos miran como si fuéramos unos críos. Así que perfecto. Hasta mi madre anda contenta. Le dice a sus amigas, mira a mi hijo, toda las tarde con la bici de un lado para otro, está hecho un deportista. Si ella supiera. Básicamente nos dedicamos a nuestros negocios, dale esto a yasabesquién, mira a esa pareja dándose el lote, andan completamente distraídos, joder, vaya turista pardillo, si lo va pidiendo a gritos. Nuestros negocios. Y la bicicleta es nuestra socia. ¿Y por qué hacemos esto? Joder, y por qué no. Yo también quiero llevar el nuevo chándal del Chelsea, quiero fumarme mis canutos, mis noches de fiesta, y ya puestos a pedir, ese móvil que vi el otro día en el escaparate, la nueva Play, no sé, tantas cosas, ¿o es que estas cosas están reservadas para los niños ricos? Malditos pijos, lo tienen todo hecho. Me acuerdo cuando hicimos la comunión y Don Carlos, nuestro cura, un salido de los pies a la cabeza, nos hablaba del libre albedrío y mierdas de esas, yo ya le decía a Javi, mi otro socio, que la historia era bien distinta que ya nacemos marcados, que algunos van a la universidad y otros van al talego, como el Tiri, un zumbao del barrio, que salió hace poco del Santa Teresa, le pillaron trapicheando y padentro, si antes andaba con los porros y unas rayitas los findes, ahora anda deambulando por el parque, atontao perdío, con los bolsillos llenos de pastillas con nombres acabados en ín. No iba nunca en bicicleta. A lo mejor eso le hubiera salvado. Nosotros tampoco andamos muy metidos en rollos muy gordos, lo justo para ir tirando, con cuidado para no acabar como el Tiri y tanto otros. Yo siempre digo que voy en bicicleta para no dar el canteo, pero es mentira, la verdad es que me siento como nunca cuando voy subido en ella. Desconecto del mundo, de mis padres, del instituto, de los líos del barrio, del cabrón de mi hermano, de todo. Yo y mi bicicleta, nada más. Joder, tan sólo me he sentido libre subido a una bicicleta. Yo sé que Javi se siente igual, aunque nunca lo hemos comentado, nunca hablamos de cosas de esas.

Historias

Sales del supermercado despistado, con la cabeza en otra parte, tratando de volar lejos del mejunje sonoro que conforman el hilo musical, las cajas registradoras y la nube de conversaciones, y de repente, un empujón te trae de vuelta a este mundo, al barrio, a Manoteras, un martes cualquiera por la tarde. Pero el regreso ha sido demasiado brusco por lo que pasan unos segundos en los cuales aún no eres capaz de asimilar qué ha pasado ni porque unas piernas impulsan desquiciadamente el cuerpo responsable del empujón, el de un chaval. Este interrogante queda aclarado cuando el segurata del establecimiento pasa veloz junto a ti con la intención de finiquitar la carrera del chico. Un chico del barrio que ha tenido mala suerte, pues hoy no hay un guardia cincuentañero, quemado por los años de inacción, monotonía e inmutabilidad por cuatro duros malcontados, que a lo sumo lanzaría un par de gritos al aire consciente de su inutilidad pero suficientes para evitar un posterior toque de atención de la central. Hoy no. Hoy hay un treintañero con unas incipientes entradas y el sentido de la responsabilidad de un can. Un, a simple vista, devorador nato de proteínas en polvo. Pero aun así, es mucha calle frente a mucho gimnasio, y el chaval consigue dejarle atrás. Recoges del suelo los coloridos envases y lo vuelves a guardar en la bolsa, mientras le lanzas una sonrisa afilada al segurata que ya se encuentra devuelta. “Te jodes, el chaval te la ha liado”, dicen tus ojos lo que tu boca no se atreve a soltar. Y en ese momento, piensas en todos los corredores que damos vueltas sobre el tartán o sobre el asfalto, como hámsters, como si nos encontráramos en una inmensa jaula, pero jaula al final. Y piensas también en los otros corredores, aquellos que ni llevan zapatillas de running ni la última aplicación de móvil que te informa hasta del más insulso dato de tu carrera, pero para los que cada zancada es una final y, sobre todo, cada zancada es vital para conservar su libertad.

AR